Cuidado con el alarmismo que estamos viendo estos días en redes sociales y en muchos medios de comunicación debido a la aproximación del huracán Danielle a las cercanías de la península Ibérica. La sequía informativa del verano todavía se alarga en estos primeros días de septiembre, y ello está llevando a gran parte del ámbito periodístico a aprovechar el tirón mediático de este fenómeno para generar interés.

En algunos casos se le está dando una importancia excesiva y bastante fuera de lugar, con la consecuente gran expectativa que eso puede estar generando entre el público general de cara a los posibles efectos directos/indirectos que pueda traer a nuestro país, y que realmente no van a ser nada especiales, ni nada que ver con “la idea de huracán” que tenemos sobre estos fenómenos en las sociedades en las que no solemos padecerlos (en esto entraremos más adelante).

Lo cierto es que este sistema no tiene nada de especial en lo que a intensidad se refiere, aunque sí que se ha formado bastante más al norte de lo habitual y sobre una zona particularmente cálida del Atlántico norte en estos momentos, lo que lo dota de cierta singularidad o rareza en ese sentido.

Sin embargo, más allá de este hecho -y que por supuesto es muy relevante-, no es del todo excepcional que alguno de estos sistemas acabe de vez en cuando en las cercanías de España, sobre todo en esta época del año a finales de la temporada de huracanes, como ha sucedido en otras ocasiones en las que también hemos encontrado sistemas de naturaleza tropical merodeando la zona de Azores, Madeira, Canarias o incluso directamente alcanzando territorio español (menos habitual esto último).

La evolución de Danielle es muy parecida a la que vemos en otros finales de temporada en el Atlántico norte, cuando estos sistemas se integran en la circulación general a la vez que provocan algunos impactos en la fachada occidental europea, ya sea como gran borrasca extratropical -que no huracán-, o directamente sin pena ni gloria como un simple vórtice de nubes bajas de lo que tiempo atrás fue un verdadero huracán.

Aquí en España tenemos algunos ejemplos evidentes como OpheliaLeslie o aquella curiosa Tormenta Subtropical Alpha en 2020, por nombrar algunos de los más recientes (a parte de los clásicos): se acercaron a la península todavía con categoría de huracán -o muy cerca de ello- pero aún así no hubo efectos excepcionales ni generalizados en la meteorología de nuestro país, más allá de algunas lluvias y vientos intensos muy localizados, o el caso de Ophelia con una surada cálida que -eso sí- contribuyó a un desastre ambiental de importantes proporciones en el norte peninsular al declararse numerosos incendios (pero de la mano del hombre... no del fenómeno).

¿Puede Danielle llegar a alcanzar la península realmente?

Cada una de las líneas que dibuja el mapa superior son una posible trayectoria distinta para Danielle. Como vemos, una parte inicial del recorrido que efectuará estos próximos días está relativamente claro, ya que gran parte de las trayectorias evolucionan muy juntas y en la misma dirección al principio del recorrido.

Sin embargo, más allá de cierto plazo, cada línea toma un camino muy distinto al resto: es lo que llamamos “dispersión” en las previsiones, es decir; es una manera de ver la incertidumbre que hay a partir de cierto tramo de su recorrido, con esa apertura en abanico de rumbos muy diversos según cada escenario ejecutado por el modelo.

La mayoría de escenarios hacen avanzar a Danielle relativamente cerca de la península Ibérica, aproximándolo a las regiones del noroeste peninsular, pero lo suficientemente lejos como para que casi ni nos enteremos de su presencia en la mayor parte del país, o no al menos en forma de efectos directos como puede llegar a suponerse. Y aquí hay un punto importante.

En la comunidad meteorológica española tenemos a los sistemas tropicales muy idealizados por lo potentes que son en las zonas habituales, pero no hay que olvidar que el radio de acción de estos fenómenos es bastante reducido, a diferencia de las grandes borrascas atlánticas otoño-invernales que suelen afectar a varios miles de kilómetros a la redonda. Por tanto, la parte realmente poderosa de estos sistemas afecta sólo a una estrecha zona en torno al centro, mientras que inmediatamente alrededor de ellos sucede un comportamiento meteorológico bastante normal o incluso muy tranquilo.

Habitualmente se trata de un fenómeno de escala bastante más reducida de lo que se puede llegar a pensar. Más aún en el caso de éstos que se mueven por el Atlántico noreste, pues muchas veces tienden a ser subtropicales-híbridos y de tamaño y comportamiento extraño respecto a sus hermanos más próximos a la zona de desarrollo principal en los trópicos.

Cierto es que algunos escenarios se aventuran a empujar a Danielle hasta la mismísima península, pero es importante entender que, aún en el hipotético caso de que llegase a alcanzar algún punto directo del país, tampoco cabría esperar nada excepcional al encontrarse en un entorno muy poco favorable para su desarrollo-mantenimiento, y sólo se notaría en zonas muy concretas de la costa en su zona de entrada/impacto o "roce" con la península.

Parece que Danielle va a estar alcanzando su máximo desarrollo como huracán en estos primeros días de la semana en su acercamiento al entorno de Azores, pudiendo ofrecer todavía una estructura bastante simétrica y vistosa en las imágenes de satélite, antes del colapso definitivo de sus características tropicales a lo largo de la semana.

En este sentido, habrá que vigilar si se produce o no su proceso de extratropicalización (transición de ciclón tropical a borrasca común) al momento de ser “absorbido” hacia el norte a finales de semana, ya que tienden a convertirse -ahí sí- en una potente borrasca extratropical más extensa e intensa, pero en cuyo caso se daría mayormente sobre mar abierto y, como mucho, con tendencia a afectar a las Islas Británicas, como suele ser habitual en su recurvamiento a través del Atlántico norte.

Por tanto, no parece que haya de qué preocuparse con este sistema tropical, ni siquiera en caso de llegada directa a la península, ya que, ni la trayectoria ni las condiciones le son tan favorables como para llegar de forma demasiado activa o extrema a nuestro territorio. Lo que sí puede desencadenar la proximidad de Danielle es la llegada de las primeras lluvias decentes de la temporada a algunas regiones muy necesitadas de agua en estos meses, dando inicio a la entrada de algunos frentes desde el oeste.

Aún así, estamos en meteorología y conviene permanecer atentos a su evolución ante cualquier sorpresa por fortalecimientos puntuales e inesperados que puedan plantear modificaciones en su trayectoria. Este tipo de situaciones son siempre muy apasionantes de seguir, así que estaremos pendientes.

Gracias por leer.

 

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